06 noviembre 2016

Laura Lago - J*did@-mente erótica. BDSM (Belén, Dominación, Sumisión y Marcos el Millonario)

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Antes de nada: Sexo, Erótica, y reventar clichés.
¿Cómo? BDSM, un Millonario, y una “sumisa” atípica.
J*did@-mente atípica.

Mi nombre es Belén y soy una oficinista amargada. Como cada mañana, me subo al tren rumbo al cubículo donde, de nueve a cinco, empujo un bolígrafo y aporreo un teclado. Y no, no soy la secretaria de ningún millonario, pero esta mañana sí había un ejecutivo-agresivo en el tren.

Alto, guapo, atlético y con todas las virtudes físicas y porte como para desear que me ate a la cama y lleve al nirvana por la vía dura. Pero ahí está él, gruñéndole a un teléfono como si fuese el rey del mundo y su interlocutor un pobre diablo que ha metido la pata.

Conforme se baja del tren, dos paradas antes de la mía, desliza el móvil en su maletín pero falla y cae al suelo. Lo recojo mientras se me cierran las puertas en la cara, con un hombre haciendo oídos sordos a mi intento de ser una buena ciudadana.

Ahora es cuando viene lo que no sabéis de mí. No tengo vergüenza, pero me faltan dos tornillos. Muerta de curiosidad, no tuve reparos en echar un vistazo a sus conversaciones. Y cuando vi que había contenido explícito, un vistazo más grande. Visto lo visto, decidí revisar sus fotos, e incluso vi en su correo un pedido de una “Tienda de Juguetes” gracias a la que pude ver “dónde podía localizar al dueño y devolverle el móvil”. Ver sus vídeos también resultó un mal necesario.

Así que me planté en su oficina. Su secretaria, por supuesto, me dijo que estaba muy ocupado y no tenía intención de verme. Dejé el móvil en la mesa y me largué. Es posible, admito, que haya dejado una foto mía en su móvil. Una foto tan explícita como las suyas.

No sabía si la vería.
No esperaba que me llamase.
No esperaba sudar y gemir al otro lado de la línea.
No esperaba que mandase a su chófer para recogerme.
¿La verdad? Una vez en el coche, si esperaba que me atase.
Lo que no esperaba era esposarlo a él después.

Intercambiamos saliva, sudor, mordiscos, poder y sumisión hasta el amanecer. Nos consumimos mutuamente hasta no poder más, esperando el final. No era realista pensar que aquello iba a ser un final de cuento donde él me posee, yo le poseo, y comemos perdices. Lo que él no esperaba es que terminase como lo hizo…

La verdad es que nunca podrás hacer una tortilla sin romper algunos huevos.

Advertencia: Una novela poco romántica, pero bastante pasional, donde la erótica y el sexo tienen un papel fundamental. Se advierte que esta no es la típica historia de “mujer necesitada del montón esperando a que un millonario oscuro la domine”. Sí, hay un millonario. Sí, hay dominación - por ambas partes (switch) -. Pero hay un giro argumental donde espero que ella… bueno, ella rompe el marcador.






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